Los límites de la impresión 3D

POR RUSSELL DAVIES* –

Según el autor, no hay que preocuparse por la posible impresión de armas con tecnología 3D. Lo más probable es que la nueva tecnología se dedique a producir trenes a escala y riñones artificiales para trasplante.

Se puede hacer una impresión 3D de un arma, un auto o un riñón. Es cierto, se puede. Pero podría no valer la pena tomarse tanto trabajo. Hacer una impresión 3D de un arma y usarla para disparar, por ejemplo, es algo que ha logrado un tipo llamado Cody Wilson, según han consignado las noticias, en Texas, Estados Unidos. Sin embargo, es probable que hasta él admita que prácticamente todas las otras formas de obtener un arma son más baratas, rápidas y seguras. No se hace una impresión 3D como forma cómoda de conseguir un arma, sino para demostrar algo en relación con la impresión 3D o con las armas.

En el hipotético caso de que la policía encuentre a alguien que esté tratando de imprimir armas –hace unas semanas se informó que policías británicos pensaban que habían descubierto partes de armas “caseras”–, también es probable que hallen a alguien que se ha lastimado la mano. En la actualidad se puede comprar una impresora 3D por unas 700 libras (unos 7 mil pesos al cambio oficial). Los delincuentes ya usan ese tipo de cosas para hacer fundas para que estafadores usen tarjetas en máquinas de bancos. Eso no significa que las armas de pronto hayan pasado a ser tan fáciles de producir como una Smith & Wesson patentada Gun Mix en el microondas.

La industria automotriz lleva años haciendo impresiones 3D de autopartes. Lo llaman prototipo rápido porque es para lo que sirve, para hacer prototipos rápidos de diseños nuevos. Sin embargo, dista mucho de poder competir con décadas de inteligencia, capital y recursos dedicados a la fabricación tradicional. Las fábricas comunes son muy eficientes a la hora de generar copias de una misma cosa. Así, si bien el auto que manejamos probablemente se diseñó y probó con algún ingrediente de impresión 3D, no estamos precisamente a un paso de bajar e imprimir un auto nuevo.

Por otro lado, los órganos de impresión 3D, tales como los riñones, son algo verdaderamente emocionante y revolucionario. Bastará una búsqueda rápida en Google para encontrar un video de un experimento de impresión de un riñón y de un beneficiario temprano de esa tecnología, alguien cuya vesícula se produjo en un laboratorio a partir de células vivas. La impresión con cartílago o la impresión de prótesis constituyen usos no sensacionalistas de esa tecnología. 

Puedo asegurar que los que hoy se ríen de estas tecnologías algún día se sentirán agradecidos cuando reciben una cadera impresa en su hospital.

La impresión 3D no es una tecnología única y homogénea. Se trata de muchas cosas diferentes. Puede ser extraordinaria y también banal. En este momento tiene su cuarto hora de descubrimiento popular, por lo que surgen toda clase de mitos y clisés. Es probable que los primeros que veamos sean estos: la comparación con la forma en que las impresoras tradicionales se hicieron más baratas y populares con la idea de en cualquier momento estaremos en condiciones de imprimir partes de reemplazo para cualquier desperfecto hogareño, por lo general del lavarropas.

El primer punto merece una serie de comentarios. La impresión pasó con gran rapidez de ser un proceso industrial a convertirse en un elemento de la oficina, para luego ingresar en los hogares. Las impresoras domésticas y de oficina son chicas, baratas e ingeniosas, pero nunca funcionan del todo. La impresión con tinta en papel es una industria venerable, un proceso que tiene un gran desarrollo. La experiencia que todos hemos vivido es que la tinta cuesta una fortuna, que la impresora nunca se conecta bien con la computadora, que nunca imprime lo que tiene que imprimir en el primer intento y que en ocasiones nos imprime mil copias de algo cuando sólo queríamos una. Ahora imaginemos cómo sería hacer impresiones 3D en casa.

En un análisis más minucioso, la segunda idea también parece traída de los pelos. Las partes que queremos reemplazar por lo general están pensadas para niveles de tolerancia muy altos o para materiales muy específicos, destinados a resistir fuerzas y entornos especiales. No basta con colocar un pedazo de plástico en la aspiradora y esperar que dure 10 años. Eso no equivale a decir que la impresión 3D no tendrá impacto alguno en nuestra vida. Es probable que lo tenga pero, como pasa con cualquier otra tecnología, seguramente dará un rodeo y hará algo inesperado.

Bien podría empezar en lugares donde ya existe un mercado para cosas de plástico chicas y baratas. Es por eso que siempre he pensado que las impresoras 3D se popularizarán a través de una cadena de accesorios para adolescentes. La impresión 3D debe ser excelente para hebillas para el pelo. De hecho, un supermercado británico realiza en la actualidad una prueba en uno de sus locales. Se puede ir, obtener un escaneo y encargar una figura de cerámica de uno mismo que llegará unas semanas después. Lo más probable es que todavía no estén produciendo riñones.

Es por eso que dos de las actividades más interesantes en ese sector no pasan por hacer impresiones 3D en casa. Utilizan técnicas nuevas, pero que aún no han llegado al plano doméstico, para crear nuevas posibilidades. La primera es algo llamado MakieLab, un emprendimiento de Londres que trata de integrar cosas concretas con la web. Se nos permite diseñar un muñeco en 3D, como podría hacérselo en un juego online, tras lo cual se puede encargar su impresión, que está lista al día siguiente. Se trata de cosas fantásticas, y nosotros diseñamos su expresión y elegimos los accesorios. También tienen formas de una resolución en extremo realista. No parecen Barbies, y esa podría ser otra característica importante de la impresión 3D: gente cuyas ideas no concuerdan con la ortodoxia empresarial masiva tiene acceso a un sistema de producción. No son sólo las grandes compañías de juguetes las que los producen.

Otro emprendimiento de impresión 3D se llama Flexiscale Company y apunta con inteligencia a aquellas personas a quienes ya les gustan las cosas pequeñas de plástico, por lo que han detectado una oportunidad interesante. Si queremos hacer un tren a escala en la actualidad, hay que elegir entre los relativamente pocos modelos que ofrecen los grandes fabricantes u optar por algo más oscuro y empezar de cero. Los que fabrican trenes a escala son quienes quieren algo más oscuro. La ventaja de Flexiscale es que no tienen que hacer miles de copias de cada serie y confiar en que todas se van a vender. Se limitarán a imprimir una nueva por pedido. Sin duda pueden ganar de esa relativa oscuridad.

No hay que preocuparse, entonces: la impresión 3D no pasa por las armas, sino que es algo más relacionado con muñecas y trenes a escala. Es algo para apasionados de los hobbies y la creación.

* Especialista en tecnología.

« (c) Guardian News & Media 2013 y Clarín Traducción: Joaquín Ibarburu

Fuente: ARQ Clarín http://arq.clarin.com/diseno/limites-impresion_0_1036696863.html

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